28/9/10

Glifosato, una brecha entre ricos y pobres

No todos los agrotóxicos son letales. Muchos de ellos, como el glifosato, aplicado con responsabilidad, no tendría por qué devastar territorios ni afectar a la salud, ni modificar hábitos y costumbres de testigos inocentes de las grandes plantaciones de soja. Pequeñas productoras de zonas rurales, en este caso de Entre Ríos, que durante un largo tiempo se han mantenido en silencio, cuentan su experiencia conviviendo con vecinos más poderosos y negligentes. La negligencia en el uso de este producto también se extiende a la falta de estudios sobre la injerencia de este agroquímico en las personas.

En sus seis hectáreas de campo, en Don Cristóbal, Entre Ríos, Vita Casilda Pérez, una pequeña productora de 63 años, soporta el impacto que ha tenido en su vida el avance de la soja transgénica y la utilización de agroquímicos, como el glifosato, por parte de vecinos más poderosos en cuanto a posesión de tierras. Cuando se fumiga y el viento transporta la nube de este herbicida desde la estancia Acahui hacia el hogar de la familia Pérez, el maíz no brota y los paraísos e higueras se marchitan. Las vacas tienen abortos espontáneos. Las gallinas apenas ponen huevos. La crianza de pollos disminuye. Los zapallos y calabazas no crecen en la huerta. Estos cambios han empobrecido a esta pequeña productora y han deteriorado la salud de su familia, endureciendo sus largas jornadas de trabajo.
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